Cita célebre

En esta vida hay que morir varias veces para después renacer.

Eugenio Trías



viernes, 1 de octubre de 2010

Entretiempo

Odio esta época del año. Soy así de poco tolerante. Es llegar octubre y entrar en una dinámica que vuelve loco al más templado. Los termómetros se vuelven locos y oscilan del sofoco diurno al escalofrío a la caída del sol. Entramos en entretiempo.
Y es que no aciertas nunca con la ropa que te tienes que poner. Si eliges unos vaqueros, las piernas parece que vengan de un concurso de miss camiseta mojada. Como se te ocurra ponerte una sudadera, llegas a casa como si hubiese subido a trote cochinero a lo más alto de una de las torres Petronas. Si por el contrario eliges unos pantalones cortos, de esos que tanto odio Antonio Burgos, y mangas de camisa, los pelos se te ponen como escarpias.
Todo esto trae los primeros catarros del año. Las defensas, acostumbradas al cálido verano, parece que no hayan vuelto de su periplo vacacional y no están a lo que tienen que estar. Y claro, en el momento en que la temperatura baja un poco, los bichos malos se ponen a hacer de las suyas y quedas como una vil piltrafa.
Por eso, cada año deseo con más fuerza que del sofocante verano de Sevilla, pasemos al frío invierno. Del bañador a la bufanda en un abrir y cerrar de ojos. Por lo menos sabremos qué ropa ponernos.

martes, 28 de septiembre de 2010

Telebasura


Vuelvo a las andadas. La telebasura vuelve a adueñarse de unas líneas en este humilde espacio. Pero esta vez el protagonista no tiene nada que ver con el que fuera el mejor presentador de España, Jorge Javier Vázquez, y toda su troupé. La telebasura no es sólo prensa rosa. Ni muchísimo menos.

Esta vez la panda que nos ocupa está encabezada por el periodista deportivo Josep Pedrerol y sus tertulanos de Punto Pelota, en Intereconomía. Y es que es uno de los más claros ejemplos de cómo hacer mala televisión, de cómo convertir un espacio deportivo en un gallinero a la altura de programas de cierto tono tomatero.

Y es que el debate - por llamarlo de alguna manera - está monopolizado por auténticos hooligans disfrazados de periodistas (o viceversa). Y de pluralidad informativa, poquito, oiga. Madrid y Barcelona. Barcelona y Madrid. Y poquito más. Esta misma noche se ha disputado un interesante Málaga-Villarreal del que han hablado a la hora de empezar el programa. Es más interesante saber qué nueva barbaridad ha dicho el cándido Mourinho en rueda de prensa. Y por supuesto escuchar vociferar a los invitados como energúmenos acerca de las maravillas que larga otro que no les va a la zaga en cuanto a desprestigiar la palabra se refiere, dejando el noble arte de la retórica por los suelos... si Arístoteles levantase la cabeza.

La buena televisión ha muerto. No me cabe la menos duda. Todo es telebasura, incluso para hablar de deporte.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Otoño

Quedan a penas tres horas para que se inicie de manera oficial el otoño. Aunque ya se ha dejado sentir en los últimos días. Y ya no porque el tiempo ande algo revuelto, nos bombardeen con anuncios de la vuelta al cole o colecciones de lo más variopinto. Se nota que ha llegado el otoño porque es imposible aparcar.
No falla. Es llegar mediados de septiembre y multiplicarse el número de coches estacionados en las calles de Sevilla. Y sea la hora que sea. Da igual llegar a casa del trabajo a mediodía, de ir a mirar ropa por la tarde, de tomarte unas cañas por la noche o de juerga a primera hora de la mañana. Aparcar se convierte en una misión harto tediosa, que puede llevar horas al pobre infeliz que dependa de su coche para moverse.
Circular es un dolor. En un trayecto que en los meses veraniegos te lo ventilas en a penas veinte minutos, puedes echar más de una hora. Una putada oiga. Para llegar puntual al tajo tienes que levantarte una hora antes de lo que lo hacías en agosto.
Y es que puede ser lo único positivo de las altas temperaturas veraniegas sevillanas. La urbe se queda desierta... hasta de coches. Que por mucho que digan los gaditanos u onubenses que ellos tienen playa en verano, nosotros tenemos las carreteras desiertas para circular a nuestro antojo. ¿Y para qué quieres una playa en invierno? Para lo mismo que nosotros una carretera a rebosar de coches, sea la hora que sea. Y es lo que trae el otoño. Se acaba la playa, y se acaba la tranquilidad en las carreteras.

martes, 21 de septiembre de 2010

Hasta siempre

Se acabaron las vacaciones y vuelve la actividad. Pero en vez de hacerlo con grandes dosis de ilusión tras el periodo vacacional, lo hace con una noticia que hace que mis ojos se empañen al pensar en ella. El pasado 30 de julio, dijo adiós para siempre un gran hombre. El Padre Enrique Iniesta dejó este mundo, a la edad de 80 años, víctima de la enfermedad de lo consumía.

Todo lo que diga de él es poco. Una persona de las que ya no quedan. Religioso, historiador, escritor... pero sobre todo un hombre de una talla moral encomiable. Recuerdo sus clases de Religión en bachillerato, en el Colegio Calasancio Hispalense, con gran cariño. Recuerdo que nos parecía que estaba un poco mal de la cabeza cuando se presentó aquel primer día, con su forma de hablar tan particular, casi susurrando, que parecía que el aire que tenía en los pulmones no le daba a penas. Un religioso de fuertes convicciones, pero que sin embargo no le suponían un obstáculo para hablar de cualquier tema, ya fuese religión, sexo, o historia de Andalucía.

Andalucía. Su gran pasión. Pocas personas conocían y amaban tanto esta tierra como él. Tanto que dedicó gran parte de su vida a estudiar la vida del padre fundador de esta patria chica. A sus espaldas, gran cantidad de publicaciones sobre la figura de Blas Infante. Nadie lo conocía como él. Tanto amaba esta tierra que llegó a recibir su medalla de oro en 2008. Cualquier cosa, oiga.

Como ya he referido, todo lo que diga sobre él va a ser insuficiente. Me quedo con ese último día de clase de religión, cuando una clase de chavales de 17 años, en su mayoría no creyentes, se puso en pie para aplaudirle. Y como colofón, José María Calvo, Chema, ateo de pro, se aferró al libro de la asignatura, escrito por el mismísimo Enrique Iniesta, y se dirigió al púlpito del profesor para que se lo firmase, además de aferrarse a él en un sentido abrazo. Sobran las palabras.

Descase en paz, estimado Enrique Iniesta. Hasta siempre.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

De vuelta a casa

Durante cinco años, que me han parecido eternos, he ido día tras día a la Facultad de Comunicación de Sevilla. Cinco años de mi vida, que han pasado en un suspiro, a pesar de las quejas y los problemas que me ha ocasionado. Pero podría decirse que, en cierta medida, he sido feliz. Cinco años que pusieron su punto y final hace a penas dos meses, para dar punto y aparte a otra etapa de mi vida.
En estos cinco años he conocido a personas increíbles, he estado en sitios que nunca hubiera pensado visitar, he aprendido (más bien poco), he descubierto el amor y lo he perdido... Una miscelánea de experiencias que me han marcado para siempre.
Y hoy he vuelto a casa. Es la primera vez que piso la FCom después de acabarse todo, y me ha parecido un lugar triste y siniestro. Vacío. He visto caras conocidas, algunas amigas, otras que hacía mucho que no veía, y otras completamente nuevas. Pero ya nada será lo mismo. Lo poco que me queda para ser licenciado me pesará como una losa, porque todo lo que tenía antes, se fue sin más. Pero al fin y al cabo, ¿qué son cinco años comparados con una vida?

viernes, 20 de agosto de 2010

Elucubraciones veraniegas

Ojú, vaya tela el veranito que estamos pasando. Entre unas cosas y otras tengo el blog completamente abandonado. Y no es por falta de ganas. No escribo porque no tengo nada que escribir. Y eso es lo peor que le puede pasar a alguien que pretende ganarse la vida escribiendo.
Y es que el tedio veraniego me está haciendo estragos de una manera sobrehumana. Porque, un par de salidas a Punta Umbría aparte, llevo todo el verano encerrado, sin hacer absolutamente nada. Completamente alejado de los grandes planes que tenía a finales de junio, recién acabado el periodo de exámenes.
Planes como conocer - por fin - el Reino Unido a penas a doscientos kilómetros de casa, convertido en peñón repleto de cuevas y de monos. Otro verano que pasa y me quedo sin comprar tabaco en Gibraltar, sin escuchar un "pisha" con acento llanito, sin cagarme en la puta madre del mono que me ha robado las gafas de sol...
Otro año que pasa y no he puesto un pie en las costas de Faro, Loulé o cualquier zona del Algarve portugués. Otros 365 días para decidirme a coger el coche durante una hora y cuarto y ver de nuevo el espectáculo único que son las carreras de caballos en Sanlúcar de Barrameda mientras atardece con el Coto de Doñana como espectador de lujo.
El tedio del verano de Sevilla. La gente que emigra durante dos meses, y la capital de Andalucía que se queda desierta, contagiando a los infelices que no tenemos la suerte de poder salir a descansar de Lorenzo y sus temperaturas criminales. Y ese tedio se apodera de todo lo que toca. Los días pasan monótonos, todos iguales.vLa rutina se hace norma y las penas se agudizan al tener mucho tiempo para pensar en ellas, y poco para despejar la mente.
Y como quien no quiere la cosa, agosto pasa y nos encontramos de nuevo a las puertas de septiembre. Los exámenes a la vuelta de la equina y la sensación de impotencia es insoportable, por otro verano, como tantos, en el que me las prometía muy felices, y no ha pasado de ser como el resto de veranos.

miércoles, 7 de julio de 2010

Hipocresía


Hoy he sido testigo de un hecho, más que les pese a los no futboleros, histórico. Carles Puyol, de soberbio testarazo, ha colado a la Selección Española en la final de la Copa del Mundo por primera vez en la Historia. Nadie había logrado tal hazaña. Ni Di Stéfano, ni Zarra, ni Gento, ni Raúl... ni siquiera el mítico Luis Suárez, único Balón de Oro salido de las entrañas del balompié español.

Atrás quedó la época de la maldición de los cuartos de final. Lejos queda el error de Cardeñosa frente a Brasil. Olvidada está la cantada de Zubizarreta contra Nigeria. Guardado en el más profundo de los cajones del adiós, el arbitraje de Al-Ghandour y el penalti marrado por Joaquín en Japón y Corea. Ahora toca mirar al frente con orgullo y optimismo. La Roja es una de las dos mejores selecciones del Planeta Fútbol, y eso a los españoles nos hace sentir eufóricos. Banderas rojigualdas cuelgan de los balcones como muestra del orgullo patrio, las mismas que muchos se cuelgan a modo de capa de superhéroe...

La misma bandera de la que la mayoría reniega. Y es que, queridos lectores, el fútbol lo puede todo. En estas ocasiones vale cualquier cosa. Pero el resto del año, si haces gala de lo orgulloso que te sientes de haber nacido en esta extensa piel de toro que es España, eres, como poco, un fascista. Hoy se puede gritar con orgullo aquello de "yo soy español", y la masa te sigue. Las banderas españolas se venden como rosquillas en las tiendas de chinos (dulce ironía). Hasta los negritos de los semáforos se atavian con los colores nacionales.

España debería reflexionar un poco. Porque a partir de ahora, aquel que tilde a alguien de fascista (que insulto más cruel, dicho sea de paso) por lucir los colores nacionales, deberá pensar que un siete de julio de 2010, se sintió pletórico con esa bandera colgada al cuello, y cantó con orgullo que era español. Todo lo demás no será sino un ejercicio de la más pura y profunda de las hipocresías.