Cita célebre

En esta vida hay que morir varias veces para después renacer.

Eugenio Trías



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martes, 12 de julio de 2011

Y el que no, a Humanidades


Cada día comprendo menos el sistema de acceso a la Universidad que nos han metido por europeos cojones. Aquí nos jactamos de ser los europeos más europeos de toda Europa entera, cuando lo que somos es unos chapuceros como la puerta de Brandeburgo, la Torre Eiffel, o el Coliseo de grandes. Pero como en Europa lo hacen, aquí no vamos a ser menos, aunque no tengamos ni idea de lo que estamos haciendo. O que alguien me explique cómo puñetas funciona ese sistema que se han sacado de la chistera sobre catorce puntos... con lo facilito que era el de toda la vida, sobre diez.
El tema es que con este sistema nuevo se dan situaciones de lo más absurdo. Conozco el caso de una muchacha que ha sacado el bachillerato de forma brillante. 9,8 o algo así. De sobra para entrar en lo que le de la gana, se podría pensar. Pues no, se equivocan de cabo a rabo. El sueño de esta chiquilla era estudiar Medicina, pero se da la paradoja de que con su media de bachillerato, tiene a más de mil personas por delante. Así que tendrá que conformarse con Fisioterapia (que no es moco de pavo).
Pero si seguimos esta progresión, un chaval que quisiera ser fisio, tendrá que conformarse con Enfermería, y la niña que quería ser enfermera entrará en Psicología, el que soñaba ser el Freud del S. XXI entrará en Pedagogía, relegando a los pedagogos frustrados a estudiar Magisterio... porque más vale pájaro en mano que ciento volando.
Así lo que vamos consiguiendo es una masa de estudiantes frustrados, que han entrado en la Universidad por hacer algo, aunque esté remotamente relacionado con las aspiraciones que tenían para su vida. Algunos se estrellarán, otros se aburrirán de hacer algo que no les llena y lo dejarán, otros tirarán de orgullo y acabarán a regañadientes. El que acabe y tenga la suerte de encontrar un trabajo, sabrá que no pudo cumplir su sueño. Será un profesional desmotivado. Los tendremos a patadas por esta política de querer meter todo lo que suene a Europa, aunque por el camino vaya cumpliéndose el viejo tópico que dice que "el que vale, vale y el que no, a Humanidades".

viernes, 20 de agosto de 2010

Elucubraciones veraniegas

Ojú, vaya tela el veranito que estamos pasando. Entre unas cosas y otras tengo el blog completamente abandonado. Y no es por falta de ganas. No escribo porque no tengo nada que escribir. Y eso es lo peor que le puede pasar a alguien que pretende ganarse la vida escribiendo.
Y es que el tedio veraniego me está haciendo estragos de una manera sobrehumana. Porque, un par de salidas a Punta Umbría aparte, llevo todo el verano encerrado, sin hacer absolutamente nada. Completamente alejado de los grandes planes que tenía a finales de junio, recién acabado el periodo de exámenes.
Planes como conocer - por fin - el Reino Unido a penas a doscientos kilómetros de casa, convertido en peñón repleto de cuevas y de monos. Otro verano que pasa y me quedo sin comprar tabaco en Gibraltar, sin escuchar un "pisha" con acento llanito, sin cagarme en la puta madre del mono que me ha robado las gafas de sol...
Otro año que pasa y no he puesto un pie en las costas de Faro, Loulé o cualquier zona del Algarve portugués. Otros 365 días para decidirme a coger el coche durante una hora y cuarto y ver de nuevo el espectáculo único que son las carreras de caballos en Sanlúcar de Barrameda mientras atardece con el Coto de Doñana como espectador de lujo.
El tedio del verano de Sevilla. La gente que emigra durante dos meses, y la capital de Andalucía que se queda desierta, contagiando a los infelices que no tenemos la suerte de poder salir a descansar de Lorenzo y sus temperaturas criminales. Y ese tedio se apodera de todo lo que toca. Los días pasan monótonos, todos iguales.vLa rutina se hace norma y las penas se agudizan al tener mucho tiempo para pensar en ellas, y poco para despejar la mente.
Y como quien no quiere la cosa, agosto pasa y nos encontramos de nuevo a las puertas de septiembre. Los exámenes a la vuelta de la equina y la sensación de impotencia es insoportable, por otro verano, como tantos, en el que me las prometía muy felices, y no ha pasado de ser como el resto de veranos.