Cita célebre

En esta vida hay que morir varias veces para después renacer.

Eugenio Trías



Mostrando entradas con la etiqueta sevilla. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sevilla. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de octubre de 2012

¡Qué clásico!

¿Se han enterado algo de un partido de fútbol que hay esta semana? Es que me ha parecido escuchar algo, pero no estoy muy seguro. Los telediarios han mencionado algo de pasada. La prensa le ha dedicado algún que otro breve. Alguna que otra valla publicitaria de una compañía de televisión por cable, que lo usa como reclamo... poca cosa.

Han pillado la ironía del párrafo anterior, supongo. Pero bueno, todo lo anterior lo puedo tolerar. Con no ver el tiempo de deportes de los informativos, con no abrir un puñetero periódico - generalista, por supuesto, los deportivos esta semana me producen el mismo efecto que un libro de Punset a Belén Esteban -. En definitiva, con aislarme es suficiente. Pero la gota que ha colmado el vaso es que en la que se autoproclama televisión del deporte me vendan que van a dar la "mejor previa" Celta - Sevilla y cuando enciendo el televisor me veo a un morenito que jugó en uno de los implicados en el gran partido de este fin de semana, pegarle una patada a uno del otro equipo... y Andújar Oliver comentando por qué no se pitó falta.

Que sí, que me parece perfecto que esos dos equipos sean los que más atención de los focos mediáticos atraen. Puedo llegar a entender que sean los que más cobren de las televisiones (no las desproporcionadas burradas que cobran respecto a otros equipos, por supuesto). A lo que no le veo lógica es a que se margine tan descaradamente al resto de equipos de primera división. De los de segunda ya ni hablo, porque se le caen a uno los palos del sombrajo. Lo que me parece absurdo es que le dediquen media hora de informativo a una rueda de prensa de un entrenador, que más que entrenador es provocador, mientras que a una polémica arbitral que pudo acabar en escándalo, se le dedican escasos segundos en una crónica de medio minuto.

Pero yo no sé de qué me extraño. España cada día más me parece un país de pandereta, peluca y nariz colorá. Da igual que te vayas a un simple espectáculo, como al fin y al cabo es el fútbol, a política, sindicatos, u otros ámbitos. Hay dos peces grandes que miran con superioridad al resto de peces pequeñitos, esperando que no levanten la voz, porque si no se los comen sin clemencia ninguna. Y lo triste es que los peces pequeños no se dan cuenta que juntos son más fuertes. Y no lo harán mientras que tengan pan y circo. Y eso sí que es un clásico.

domingo, 16 de septiembre de 2012

La princesa está triste...

No sé si se han enterado de una noticia que me tiene completamente conmocionado. Cristiano Ronaldo está triste. Uno, al enterarse de tal desgracia, no puede evitar que le vengan a la mente aquellos versos que rezan "la princesa está triste, qué tendrá la princesa". Aunque desde luego, si la princesa tiene un poco de idea de fútbol español, no es difícil imaginarse por qué los suspiros se escapan de su boca de fresa.

La princesa CR7, de la corte Real de Madrid, vestía ayer un vestido de gala verde. Habrase visto. Lo de los diseñadores es cada año más sangrante. Ya no saben qué hacer para llamar la atención. Se ven cosas esperpénticas, como ver a la princesa vestida de verde y plata. Para el recuerdo quedarán verdaderas joyas del diseño, como ver al Sevilla de rosa, al Betis de naranja, al Barcelona de degradado de Photoshop, o al Recreativo perfectamente ataviado para ir de romería.

Así no podemos pretender que la liga española sea seria. Si ni los propios equipos se lo toman en serio. Que los colores de un equipo son su seña de identidad. Se empieza por perder eso y se acaba con lo que nos está pasando en la que llaman mejor liga del mundo. Una liga de pandereta, en la que las televisiones hacen y  deshacen a su antojo. En la que la propia federación maltrata a los aficionados haciendo que vayan a un estadio un lunes a las once de la noche. Las televisiones están ganando la partida. Es más cómodo pagar un puñado de euros al mes y ver los partidos plácidamente sentado en el sofá que ir al estadio y respirar la verdadera esencia del fútbol.

Es así de triste. Las plataformas audiovisuales, esas que echaron a las radios de los estadios el año pasado, están acabando con el espectáculo que dan los fieles en las gradas. Y de paso se están encargando de adulterar cada día más la competición. Con el amparo de los clubes, por supuesto. Unos clubes que a todo dicen "sí, bwana" por ser los que más migajas recogen de las pocas, cada vez menos, que Madrid y Barça dejan. Y ay de ti como te atrevas a levantar la voz. Los grandes por la gracia de Roures van a hacer que te arrepientas a base de influencias federativas. Que para eso son grandes y los demás pequeños. Igual que pasaba en Escocia, pero con menos pelotas para mandar a freír monas al que no paga.

Y los aficionados, que al fin y al cabo somos los que sustentamos este circo, ajo y agua. Hasta el día que todo esto explote. Y entonces a saber qué pasa. Quizás por eso está triste la princesa, porque más allá de un ego de diez millones de euros anuales, también sea aficionado al noble deporte del balompié. O quizás sus penas se acabasen con otro par de milloncejos en su cuenta corriente. Y mientras, el común de los mortales a pagar por verlo pegarse carreritas y arreglarse el pelo por los campos de una liga manipulada. Qué tristeza más grande.

sábado, 21 de enero de 2012

Día grande

Qué nos gusta un día grande a los sevillanos. Domingo de Ramos, Jueves Santo, Lunes de pescaíto, Corpus, Virgen de los Reyes... pero pocos días hay en la ciudad como el de hoy. Hoy la ciudad se divide en dos colores: el verde y el rojo. El rojo y el verde. El Betis y el Sevilla. El Sevilla y el Betis. No hay en todo el calendario un día más particular.

Los nervios a flor de piel. En las calles, en los bares, no se habla de otra cosa. El pique es constante. Los sevillistas les recuerdan a sus eternos rivales el gol de Olivera con regalito de Valerio. Los béticos por su parte, aquel gol de Oliveira, que a la postre supondría la primera participación de un equipo andaluz en la Liga de Campeones, con su actual formato. Es un día único, todo vale para picar al contrario, que no enemigo.

Y es que no hay casa de Sevilla en la que no haya de todo, como en botica. Padres e hijos, maridos y esposas, novios, primos o algún vecino, siempre son de la acera de enfrente. Por eso no alcanzo a concebir las imágenes que siempre salen en los informativos en las previas, de violencia de unos contra otros. Es completamente absurdo que se quemen contenedores, se destrocen coches o se llegue a poner en peligro la vida de alguien, por un espectáculo tan emocionante como es un partido de este nivel.

Un nivel que este año está más parejo que nunca, aunque a priori el equipo del barrio de Nervión parta como favorito, por presupuesto y plantilla. Sin embargo, y aunque tan sólo tres puntos separan a los dos equipos en la clasificación, un derby es un partido impredecible. No sería la primera vez que se da una sorpresa. Y es que cualquier resultado va a ser sorprendente. Si gana el Betis, porque la situación económica e institucional que vive no hace augurar que vaya a rascar algo positivo. Si gana el Sevilla, porque juegan de visitante y Marcelino no acaba de dar con la tecla. Si empatan, porque es un derby, y ese marcador no dejaría satisfecho a nadie.

Sea como sea, gane quien gane, lo que es seguro es que esta noche hay espectáculo garantizado a partir de que el balón eche a rodar a partir de las diez de la noche en el Benito Villmarín. Sevilla entera lo lleva esperando desde hace más de mil días. Y tan sólo por eso, es fácil deducir, que hoy en la capital hispalense se va a vivir un día grande, de esos que tanto gustan a los sevillanos.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Otoño

Quedan a penas tres horas para que se inicie de manera oficial el otoño. Aunque ya se ha dejado sentir en los últimos días. Y ya no porque el tiempo ande algo revuelto, nos bombardeen con anuncios de la vuelta al cole o colecciones de lo más variopinto. Se nota que ha llegado el otoño porque es imposible aparcar.
No falla. Es llegar mediados de septiembre y multiplicarse el número de coches estacionados en las calles de Sevilla. Y sea la hora que sea. Da igual llegar a casa del trabajo a mediodía, de ir a mirar ropa por la tarde, de tomarte unas cañas por la noche o de juerga a primera hora de la mañana. Aparcar se convierte en una misión harto tediosa, que puede llevar horas al pobre infeliz que dependa de su coche para moverse.
Circular es un dolor. En un trayecto que en los meses veraniegos te lo ventilas en a penas veinte minutos, puedes echar más de una hora. Una putada oiga. Para llegar puntual al tajo tienes que levantarte una hora antes de lo que lo hacías en agosto.
Y es que puede ser lo único positivo de las altas temperaturas veraniegas sevillanas. La urbe se queda desierta... hasta de coches. Que por mucho que digan los gaditanos u onubenses que ellos tienen playa en verano, nosotros tenemos las carreteras desiertas para circular a nuestro antojo. ¿Y para qué quieres una playa en invierno? Para lo mismo que nosotros una carretera a rebosar de coches, sea la hora que sea. Y es lo que trae el otoño. Se acaba la playa, y se acaba la tranquilidad en las carreteras.

domingo, 16 de mayo de 2010

Los sueños se cumplen

Sí, los sueños pueden cumplirse. Evidentemente no todos los sueños, pero hay algunos que sí es posible realizarlos. Hay sueños que están al alcance de nuestra mano, y aunque parezcan absurdos, le alegran a uno la tarde.

Hoy he conocido a dos de mis referentes. A esas personas que hicieron, gracias a su obra, que mi afición por la lectura naciese de una forma que nunca hubiese imaginado cuando tenía quince años. Hoy he tenido el gusto de saludar a Matilde Asensi y estrecharle la mano a Arturo Pérez-Reverte.
Resulta curioso la manera en que empecé a leer. Mi primer libro, ya con mentalidad de adulto, fue La piel del tambor, del autor murciano. Una obra que, posiblemente por estar ambientada en calles que estoy harto de recorrer, me enganchó de una manera que ningún otro libro lo había hecho. A partir de ese momento procuré conseguirme todo lo que iba saliendo de él: La tabla de Flandes, El húsar, El maestro de Esgrima, La Reina del Sur, La carta esférica, El pintor de batallas... y por supuesto, la obra que me acercó un poquito al mundo con el que me gustaría ganarme la vida algún día, el Periodismo. Esa misma que me ha firmado esta tarde. Territorio comanche. Por esa misma que me ha dicho, entre risas, que no se hace responsable de que me haya metido en este mundillo.

Una vez que acabé con todo lo que había salido de Pérez-Reverte me vi desolado. No sabía qué leer. Hasta que, casi por azar, cayó en mis manos El último Catón. Y ya digo, fue completamente por azar. De esas veces que no sabes qué pedir en El Círculo de Lectores, y pides por pedir. Y sin duda fue un acierto. Una aventura trepidante como no había leído hasta entonces. Un capitán de la guardia suiza que, pese a no ser el protagonista absoluto, me atrapó por su forma de ser. A partir de ahí, caí en la trampa de Asensi: Iacobus, Todo bajo el cielo, El salón de ámbar...

Y hoy, he tenido la suerte de conocerlos. En la Feria del Libro de Sevilla me han firmado cada uno una de sus obras, y he podido compartir con ellos unos minutos. Uno de mis sueños hechos realidad. Y es que, a veces, los sueños se cumplen.




viernes, 23 de abril de 2010

La magia de abril

Ay la primavera. ¿Qué tendrá la primavera? Los pajarillos cantan hermosas baladas, las mariposas revolotean envolviéndolo todo en un hálito mágico y las hormonas liberan todo lo que tienen que liberar. Con estos ingredientes, tenemos el caldo perfecto para que los sentidos se desaten, nazcan las pasiones y el amor y el desamor jueguen su interminable partida de ajedrez, sobre el mágico tablero que es la Feria de Sevilla.
Una semana al año, en la que la primavera hace de las suyas. Las pasiones florecen cual azahar en los naranjos, y no avisan. Muchas veces, éstas no son correspondidas. De hecho son más bien absurdas, pero hay personas que impactan en el centro neurálgico del corazoncito de algún que otro pobre infeliz. Pobres infelices que suman una nueva decepción a su larga lista de fiascos, simplemente por no tener un rasero adecuado a la hora de medir las endorfinas.
Otra veces, la cosa es diferente. Al menos aparentemente. Los detalles y arrumacos se suceden como las horas en la vida, de manera que parece imposible detenerlos. Hasta que el reloj se detiene, de manera prematura. Afortunadamente, al no haber alcanzado su máximo esplendor, el duelo es menor que si las raíces hubiesen penetrado profundamente en el subsuelo de los sentimientos. Algo tan maravilloso como es la ilusión del comienzo, se transforma en la amargura del final. Luna de hiel que le llaman.
Pero no siempre yerra Cupido a la hora de lanzar prematuramente sus flechas. Hay contadas ocasiones en las que la diana es tan clara que sobra todo lo demás, y universos paralelos se fusionan, para crear una nueva realidad más grande que todo lo que sus ocupantes conocían hasta entonces.
Y no, querido lector, hoy no hablo de mí mismo. Hablo de la magia de la una semana al año en la que todo está permitido en el juego del querer.
Me voy a apoderar de una frase que un ávido guionista puso en boca de Hugh Grant en la película Love Actually para ir concluyendo:

La opinión general da a entender que vivimos en un mundo de odio y egoismo, pero yo no lo entiendo así. A mí me parece que el amor está en todas partes. A menudo no es especialmente decoroso ni tiene interés periodístico, pero siempre está ahí. Padres e hijos, madres e hijas, maridos y esposas, novios, novias, viejos amigos… Cuando los aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas, que yo sepa, ninguna de las llamadas telefónicas de los que estaban a bordo fue de odio y venganza; todas fueron mensajes de amor. Si lo buscáis, tengo la extraña sensación de que el amor, en realidad, está en todas partes.

lunes, 8 de febrero de 2010

Con el mejor presentador de España hemos topado

Desde este humilde rinconcito de Internet, quiero enviar todo mi apoyo a uno de los personajes más carismáticos y güenagente que pulula por este país de locos que es España. Miguel Ángel Rodríguez, "El Sevilla", vocalista de Mojinos Escozíos, monologuista, showman. Y quiero mostrarle mi apoyo porque Jorge Javier Vázquez, el mejor presentador de España según los Premios Ondas, pide una indemnización de 250.000 euros y que se congele el sueldo del líder de Los Mojinos en su próxima aparición televisiva (Mira Quien Baila). Todo por un monólogo que el polifacético Sevilla interpretó en un programa en la cadena COPE.


Que una persona que se ha reído de media España, ha despreciado, vilipendiado y escupido sobre tal cantidad de personajes que ni el mismo podría contarlos, se atreva a tal salvajada es, cuanto menos, bochornoso. Pero conociendo como funciona la justicia en España, el pobre Sevilla debe estar temblando. Ánimo Sevilla, que con el mejor presentador de España hemos topado.