Discúlpeme, querido lector, por haberle dejado huérfano de lectura durante una semana. La temida gripe A ha causado estragos en mi persona. Nada grave: dolor por todo el cuerpo, frío, jaquecas, fiebre... básicamente lo mismo que una gripe normal, pero con apellido.
Cuando la doctora que me atendió el viernes me dio su diagnóstico, sentí que estaba sentenciado. No es para menos. En los medios se anuncia la enfermedad como si de la peste bubónica se tratase. Dan una visión apocalíptica, únicamente se publicita cuando algún desdichado muere. Por mucho que nos digan que hay menos muertos por la nueva gripe que por la estacionaria, los datos que se facilitan son desalentadores.
Lo que no cabe duda es que la gripe A está de moda. La pandemia vende - y ayuda a vender la vacuna que hará rico al afortunado laboratorio farmeceutico que tiene la patente -, y el común de los mortales se lo toma completamente a pecho, con lo que acaba por cundir el pánico. De nuevo, los medios se empeñan en crear un monstruo inexistente a base de saturación a los consumidores de información.
Algunos medios deberían replantearse su política a la hora de informar para evitar crear una alarma completamente innecesaria. La gripe A es una jodienda bien grande, cierto. Pero al fin y al cabo es una gripe. Y la gripe es, per se, una jodienda bien grande.