El domingo, la protagonista era Anese, una joven de veinticinco años que se dedica a una labor reservada casi en exclusiva a hombres en su país: es periodista. Cada día desafía a las tradiciones de su cultura y sale a la calle, micrófono en ristre, pese a que allí "puta es toda aquella mujer que cree en la libertad", según relata Ramón Lobo.
Resulta triste que, en pleno siglo XXI, se sigan produciendo estas situaciones. Ya no es cuestión de cultura, sino de sentido común, que una mujer realice el mismo trabajo que un hombre. Mucho más en una profesión como el periodismo, donde está visto y comprobado que hay excelentes profesionales de la talla de Julia Otero, Susanna Griso o Angels Barceló.El problema surge cuando nos encontramos con que en Afganistán, un 84% de la población femenina es analfabeta. Así es muy complicado que pueda llegar la verdadera igualdad. Anese es la excepción que confirma la regla. Afortunadamente surgen oasis en el desierto en forma de "desafío" a las tradiciones. Destellos que convierten a mujeres anónimas como Anese en una verdadera heroína.